Tema 18: Cómo crecer en sociedad ( El Evangelio en una sociedad laica, Espeja y Sariego, pp.99-104)
1.Leyendo pp 99 y primer p+arrafo de la 91 ¿ Cuales son los principios donde se enmarca la conducta ética del ser humano en la organización social?
2. Qué entendemos por cultura y en qué cultura màs generalizada nos movemos hoy
3. Que es la ideología y la jerarquía de valores ¿Todos tenemos una ideología? ¿ que ideología crees que hoy es la màs generalizada en nuestra sociedad? ¿Qué jerarquía de valores es la prevalente?
4. Qué repercusiones tiene esta ideología con su jerarquía de valores , en el mercado, en la política, en el mismo seno de las familias?
5. Que implicaría un desarrollo humanista?
6. En todo esto ¿te suena algo de lo que dice el papa León XIV en la encíclica “Magnífica Humanidad”?
Texto citado:
Cómo crecer en la sociedad
“Los bienes superfluos que algunas personas poseen, son debidos, por derecho natural, al sostenimiento de los pobres". "De los hambrientos es el pan que tú tienes; de los desnudos, las ropas que tú almacenas; y es la redención y liberación de los desgraciados el dinero que tú escondes en la tierra" (Santo Tomás)
“La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de a persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente relacionados. Porque el principio y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana la ual, por su misma naturaleza,tiene absoluta necesidad de a vida social”(GS, 25
Antes nos hemos referido a reclamos humanistas para que la persona sea centro y fin de las instituciones y dinamos sociales. En el fondo del corazón humano puja ese deseo. Es verdad que las personas solo crecen dentro de una cultura y de una organización social con su ideología y con su jerarquía valores. Pero la persona tiene la capacidad de discernir y decidir con qué ideología y con qué jerarquía de valores quiere programar y tejer su existencia.
Hay una alternativa determinante. Individualista: preocupación de la propia seguridad a costa de bien común (en esta preocupación surge la solidaridad de grupo). U optar por el bien común y la solidaridad sin discriminaciones en la conciencia de que solo así crece en humanidad el propio yo.
En todo caso la comprensión y la práctica social del progreso marca sin remedio el funcionamiento de las estructuras sociales que fácilmente domestican y someten la subjetividad de las personas. Por eso debemos conocer qué modelo de crecimiento humano propone la sociedad en que vivimos..
Como crecimiento, el desarrollo puede tener lugar en el ámbito biológico, en el campo de la psicología, en la vida intelectual; en la organización política y en la gestión de la economía; y hasta en la misma dimensión religiosa. Como paso hacia delante desarrollo se puede llamar progreso. El desarrollo como progreso implica también una cultura: forma de interpretar y organizar la vida, con su ideología o interés prioritario, con sus patrones, con su jerarquía de valores, sus instituciones y su costumbres.
Los cambios rápidos y profundos traen inevitables desajustes. El fenómeno es manifiesto en la sociedad española de las décadas más recientes. La cultura rural dejó paso a la industrial y hoy nos encontramos en una cultura líquida donde nada permanece, se niega la existencia de la verdad objetiva y la desorientación o falta de sentido nos invade.
Se ha impuesto una cultura cuya ideología o interés prioritario es acaparar seguridades individualistamente. De ahí nueva jerarquía de valores; en el ámbito de las posesiones, el valor es ganar y tener mucho dinero; en el área de las relaciones humana, la persona es valorada por lo que renta económicamente o la utilidad que reporta; en el ejercicio del poder lo que importa es dominar a los otros; y a la hora de situarse en la organización social, el valor es “mi propia seguridad y la de mi grupo”.
Este modelo desarrollista, ya en un mundo en que todos estamos relacionados, está generando tal grado de injusticia y escandalosa pobreza, que parece insostenible. El clamor de liberación no es ya solo de países empobrecidos, sino dentro de los países que económicamente están más desarrollados. Revoluciones violentas como las que hoy vemos en pueblos como Francia denuncian la injustica y la insatisfacción en nuestro deslumbrante progreso que no coincide con un desarrollo verdaderamente humano.
Los cristianos creemos que fuera del mundo no hay salvación y ésta incluye la liberación de las personas en economía, política y religión. En consecuencia no hay verdadera espiritualidad cristiana sin el compromiso por un desarrollo humano integral que incluye todos los ámbitos de la existencia humana.
Una mirada sobre nuestro progreso
En las campañas preelectorales con frecuencia se presentan algunos con el aval de que son “progresistas”; pero ¿qué entienden con ese calificativo?
Eficacia y ética. Vemos que se valora nuestro progreso por la eficacia, pero sin cuidar el imperativo ético de la justicia. Lo que importa es producir, hacer obras llamativas, competir a nivel internacional. Para ello tenemos máquinas que saben hacer casi todo. No necesitamos mano de obra; como hay mucho material humano sobrante, se abusa de los pobres trabajadores. Piden un trabajo digno pero en este progreso economicista cuenta poco que la dignidad de las personas caiga por los suelos.
Es impresionante nuestro progreso técnico que avanza según el principio: hagamos todo lo que podemos. Inventamos el armamento nuclear y ahora todos nos vemos amenazados. Dominamos el espacio abriendo rutas a otros planetas, pero sigue y aumenta la pobreza escandalosa en nuestra tierra. Sin duda la inteligencia artificial es invención significativa en el progreso de la humanidad, y las empresas procurarán ponerse al día en la lógica del mercado; pero debemos peguntarnos qué metemos en las máquinas, con que intenciones y la consiguiente jerarquía de valores.
El encauzaniento de nuestro progreso no se logra con prácticas de religión burguesa o aburguesada que puede seguir sin cuestionar los descalabros humanitarios de dicho progreso. Necesitamos una ética que parte de la compasión ante el deterioro humano y sin la cual las religiones, incluida a cristiana, no son de recibo. Sólo esa ética puede remediar que nuestro deslumbrante progreso técnico esté a servicio de a ideología imperialista, de uno u otro signo. Los imperios económicos y políticos de turno, de cuando en cuando para mantener su dominio y vender nuevas armas, promueven guerras locales donde sufren y mueren las personas inocentes y desvalidas. La ideología de imperialismo está metida hasta los tuétanos en una sociedad éticamente desfinalizada
Un sistema “injusto en su raíz”. Son innegables algunos valores del neoliberalismo económico: el derecho a la propiedad privada, libertad y creatividad. Pero en todo sistema de organización social, hay una ideología, un interés prioritario que orienta el funcionamiento del sistema con su jerarquía de valores y mediaciones adecuadas. Y el interés o ideología del actual neoliberalismo económico es sacar el máximo beneficio con el mínimo costo. Escuelas bien significativas donde se desarrolla esta ideología, defienden que la economía tiene su propia racionalidad y su ética; no necesita control ninguno de otra instancia moral o estatal.
Esa ideología se ha impuesto en la práctica. Se considera la propiedad privada como un derecho absoluto y al margen del bien común: “lo míos es mío”, puedo hacer con ello lo que me dé la gana ; si junto a mi casa mueren de hambre algunos, eso no es cosa mía. Se impone la fría lógica de mercado cuyos posibles abusos los irá corrigiendo “una mano invisible”.
Esta lógica del mercado entra en la gestión política que ya no funciona según la normativa del derecho sino por ambición de conseguir un puesto que sea económicamente más rentable. La misma lógica fácilmente corrompe a ese ámbito especial de ternura y gratuidad que es la familia. Da la impresión de que no sólo a nivel personal sino también institucional, fácilmente se infiltra la lógica del mercado. Esa lógica depredadora clava sus garras en el entorno creacional que deja de ser hogar acogedor y degenera en amenaza contra la humanidad.
Hacia un desarrollo humanista
Sin muchas precisiones por humanismo entendemos aquí la preocupación y la práctica en orden a que la persona sea centro de todas las instituciones. Por lo que estamos viendo el funcionamiento actual de la economía no es humanista. Pero no solo hay un inconformismo manifiesto en revoluciones que fracasan, sino también apuntes muy válidos que de alguna forma sugieren pistas para el necesario cambio.
Sgnificado de las revoluciones En la Ilustración del siglo XVIII se pidió la igualdad y libertad quedó para todos. Era imprescindible aunque no fácil conjugar los dos reclamos. De la libertad se apropiaron los nuevos burgueses que se aposentaron el los tronos de los señores feudales, así la igualdad quedó en el papel. Para recobrar ese imperativo de igualdad sin la cual la libertad sólo es para algunos, llegó la revolución socialista en su versión marxista que acabó amordazando la libertad; pretendiendo una igualdad imposible, acabó destruyendo la dignidad de las personas. Esta revolución marxista, en el s. XX, ha tenido su versión en revoluciones de América latina; me ha tocado vivir alguna de ellas muy de cerca. Lamento que hayan fracasado. Pero no es justo descreditar sin más esas revoluciones de inspiración marxista, sin rechazar el funcionamiento actual del neoliberalismo económico incapaz que quitar la escandalosa pobreza en el mundo. En todo caso esas revoluciones son indicio de que urge un cambio.
El clamor de los pobres. Fue un signo muy llamativo a mediados del siglo XX en pueblos empobrecidos de América Latina. La Iglesia en esos pueblo escuchó la voz de Dios en el justo clamor los pobres y en sus empeños de liberación : “tuve hambre y me diste de comer”. Ese justo clamor se articuló en la llamada “Teología de la liberación”. Un movimiento que se concretó en distintas versiones y en distintas situaciones del mundo empobrecido. Conocí de cerca esa teología en los pueblos de América Latina. Porque dentro de la misma hubo varias corrientes, ahora me ciño a la orientación de teólogo bien conocidos como Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff o Jon Sobrino. Esa orientación ha sido avalada por documentos muy significativos en asambleas generales del episcopado latinoamericano.
Esa reflexión teológica se mueve en el interior de la fe o experiencia cristiana: Dios es presencia de amor que se está dando y la vocación de la humanidad es abrirse libremente a esa presencia. Encarnación que ha tenido lugar de modo único en Jesucristo pero que sigue teniendo lugar de algún modo en cada ser humano. Luego todas las personas, fundamentadas en esa presencia de amor, tienen una dignidad inviolable. Entonces ¿cómo soportar, en una sociedad mayoritariamente cristiana, el imperialismo y la injusticia impuestos desde fuera que implan esa misma lógica de dominación y dependencia dentro de los pueblos empobrecidos?
La teología de la liberación parte de es lamentable situación y escucha e justo clamor de los pobres. Pero su inspiración es la mirada compasiva dolorida e indignada. Dolorida viendo a las personas tiradas injustamente a la cuneta, esclavizadas y viviendo en la miseria, mientras algunos roban sus recursos naturales. Indignada porque esa pobreza y esa dependencia es causada por la codicia insaciable de los poderosos arrogantes. Esa teología de la liberación no se puede interpretar bien si no se participa de esa compasión que es la verdad más humana y la novedad evangélica.
Lamentablemente a veces se interpretó y se descalificó esa teología sin distingos, como si fuera una simple opción política con inspiración marxista. Esa descalificación hecha, sin las necesarias precisiones, desde altas instancias de la Iglesia, diluyó las implicaciones de la opción por los pobres para la conversión evangélica de la Iglesia. El papa Franco sigue diciendo que “ hay un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres”. Quizás no hemos digerido bien lo que significa esto para la renovación de la espiritualidad cristiana y para a reforma de la Iglesia. Sugeriré algo en el capítulo último de libro.
Estos y otros signos de nuestro pueden ser llamadas del Espíritu. No vale seguir predicando que el sufrimiento es un castigo de Dios, o el medio para conseguir el cielo. Las revoluciones sociales en los últimos siglos, a pesar de sus fracasos, sugieren que las ideologías y estructuras que propician el sufrimiento se puede y se deben cambiar. Y el empeño por ese cambió es imperativo del amor sin discriminaciones propuesto en el Evangelio.
Una economía al servicio de las personas: Luis José Lebret (1897-1966).En tiempo de este sinuar `rofeta dominico tenían vigencia el capitalismo, el nacionalsocialismo y el comunismo. Desde su experiencia conviviendo con los pescadores de la costa de Bretaña y desde su análisis social, cuestionó esas tres propuestas. El capitalismo es sistema dirigido a sacar provecho con el mínimo costo; los que tienen más procuran despertar los deseos de sus consumidores potenciales sin contar con las necesidades humanas auténticas. El nacional-socialismo alemán, campo abonado para el nazismo, se centra en valores meteriales con detrimento para el crecimiento espiritual. Lebret prestó interés al marxismo, pero confesó “Nunca fui y nunca me sentí marxista, ni siquiera leí ´El Capital. Leí ´El manifiesto comunista`, pero nunca me sentí marxista. Yo estaba influenciado por todas estas ideas, y lo sigo estando, del comunitarismo y de las comunidades de trabajadores y de cristianos por el socialismo”
Lebret fue un místico cristiano que unió vida interior y acción temporal: “con un oído para escuchar a mi pueblo y otro a la palabra de Dios, camino en confianza”. Es decisiva su forma de entender el desarrollo humano integral que no se reduce al crecimiento económico. Para ser auténtico “debe promover a todos los hombres y a todo el hombre”. La persona humana tiene una dimensión trascendente. Hay en su misma entraña una presencia de lo divino y lleva escrito en la frente “no matarás”. Como imagen del Creador se desarrolla íntegramente amando, saliendo de su concentración egoísta para compartir con los demás. Su pleno desarrollo implica el compromiso para que también se desarrollen los otros.
El desarrollo integral exige una organización humanista de la economía, “cuyo funcionamiento no solo no impida sino que sea favorable al desarrollo humano. Lo cual implica una estructura socioeconómica que ofrezca a la persona una completa vida humana, en su proporción más rápida y al menor costo considerando el desarrollo interrelacionado de todos los pueblos”.Lebret visitó y animó equipos en algunos pueblos de América Latina. Allí constató la injusticia social y la deshumanización que suponía la comprensión y la práctica de un desarrollo económico inspirado, marcado y enfermo por la fiebre posesiva y la codicia insaciable de unos utilizando irreverentemente a los otros.
Hacia un desarrollo humano integral. La visión de Lebret tuvo gran influencia en la encíclica “populorum progressio”,1967, que sin duda es de singular importancia para interpretar bien el verdadero desarrollo humano
Pablo VI parte de una constatación: “ La dura realidad de la economía moderna. Dejada a sí misma, su mecanismo conduce el mundo hacia una agravación y no a una atenuación, en la disparidad de los niveles de vida: los pueblos ricos gozan de un rápido crecimiento, mientras que los pobres se desarrollan lentamente. El desequilibrio crece: unos producen con exceso géneros alimenticios que faltan cruelmente a otros, y estos últimos ven que sus exportaciones se hacen inciertas” (n.8)
“El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un eminente experto, Lebret, «Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera” (n.14).
“Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan técnicos, cada vez en mayor número, para este mismo desarrollo se exige más todavía pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo, asumiendo los valores superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación” (N.15].
“ Así podrá realizar en toda su plenitud el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas.21.
Menos humanas: las carencias materiales de los que están privados del mínimum vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo. Las estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de la explotación de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones.
Más humanas: el remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura. El l aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación en el bien común, la voluntad de paz”
Para ese verdadero desarrollo se impone algo elemental: «Si alguno tiene bienes de este mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo es posible que resida en él el amor de Dios?. Sabido es con qué firmeza los Padres de la Iglesia han precisado cuál debe ser la actitud de los que poseen respecto a los que se encuentran en necesidad: «No es parte de tus bienes —así dice San Ambrosio— lo que tú das al pobre; lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos. Es decir, que la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario. En una palabra: el derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común, según la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos. Si se llegase al conflicto entre los derechos privados adquiridos y las exigencias comunitarias primordiales, toca a los poderes públicos procurar una solución con la activa participación de las personas y de los grupos sociales”
Finalmente como el mis Pablo VI había sugerido en la clausura del Vaticano II,l a pretensión humanista del hombre que niega su condición de criatura y aparenta ser dios absoluto, es una vanalidad que destruye todo verdadero humanismo. Hay que acudir a esa Presencia de amor en que los humanos brotamos existimos y nos movemos. Por eso entre las condiciones más humanas para un verdadero desarrollo están “el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. Esto es la fe cristiana: don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad en la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres”. En otras palabras apertura libre a Dios, Presencia de amor que se da, encarnado en el desarrollo integral de la persona y sociedad humanas. En el fondo, ha salido ya varias veces, la cuestión de fondo es qué decimos cuando decimos Dios.
Lógica de la gratuidad. Benedicto XVI , “Caridad en la verdad”,2009, aportó desde la fe cristiana la clave para garantizar un desarrollo humano integral. La lógica de la comercialización debe ser saneada por la lógica de la compasión y del don.
En nuestra cultura se ha impuesto la lógica del mercado; su eficacia se mide por el mayor beneficio logrado individualistamente. En la racionalidad de la economía entre lograr mayor producción de bienes para satisfacer la necesidades de todos. Pero si entra el interés individualista olvidando el bien común, la economía degenera en crematística: codicia despedida de recursos y poder, dejando a los otros sin nada. Es la lógica que corrompe a los políticos, a las familias, a los cristianos y al funcionamiento de la organización eclesial.
Da la impresión de que el individualismo, la pretensión de realizarse uno mismo sin contar con los demás y aprovechándose de ellos si llega el caso, ha inspirado la cultura mercantilista en las últimas décadas. Como resultado tenemos las injusticias sociales, la escandalosa pobreza y la violencia en sus múltiples versiones.
Ante ese descalabro que estamos sufriendo el papa Benedicto pide introducir para un desarrollo humano integral la lógica del amor: “La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta” (n.1). Esta propuesta, no sin cierto desconcierto para algunos sociólogos, toca el fndo de la cuestión social: la dignidad de la persona humana garantizada por esa Presencia de amor que a fundamenta y sostiene. Esa dignidad se manifiesta cuando actúa y es tratada desde el amor.
Impresiona la parábola evangélica de los trabajadores en la viña.Hya nueva comprenión de la juisicia desde la misericordia. N loentiden lod otros por la envifdia. Lo mismo en la parábla deñl hijo ñródigo; el mayor noentiende porwue está celoso.
El papa Francisco distintos documentos sociales como “Laudato Si ´ (2015) y Querida Amazonía (2019) recuerda que la tierra y las culturas de pueblos indígenas deben ser respetadas y cuidadas para el establecimiento de una sociedad justa y humanitaria. Y en la encíclica “Todos hermanos”- expresión de San Francisco para dirigirse a todos los hermanos y hermanas proponiéndoles una forma de vida con sabor a Evangelio- propone la fraternidad y amistad social como el para nuestro mundo roto por la inequidad y la violencia.
“Sin la igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. En esta cultura que estamos gestando, vacía, inmediatista y sin un proyecto común, es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones»
San Francisco experimento e invitó “ a un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio. Declara feliz a quien ame al otro «tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él. Así expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite”. Porque somos humanos –humus significa tierra- “ cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos; necesitamos constituirnos en un nosotros” que habita la casa común”.
Esta vocación de fraternudad universal ya está sembrada en el corazón humano y responde a la entraña misma de la fe cristiana. La .fraternidad abierta o universal responde a la condición original del ser humano “Está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fid”elidad. Y la fraternidad universal expresa laentraña o esencia de la fe cristiana: la encarnación que continua en todoslos seres humanos. Ya lo dijo l papa Francisco en su primera Exhortación peoponiendo “el Evangelio de la fraternidad y la justicia! La Palabra de Dios enseña que en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros: Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, lo hicisteis a mí”.
“Dichosos vosotros los pobres
La pobreza,carencia de lo necesario, no es un bien y hay que ver la forma de superarla; cuando es miseria degrada e impide a las personas ser ellas mismas ¿Qué pobreza puede hacer feliz a la persona?
Hay dos versiones de las Bienaventuranzas. San Lucas escribe para comunidades pobres en el la regiónn meridional de Grecia. Jesús declara dichosos a los pobres y laenta la conducta de los ricos; Dios está interviniendo ya; está llegando su reinado, que todos vivamos como hermanos. Los pobres fácilmente entran en la lógica de compartir; pero a los ricos pegados a sus bienes, costará mucho aceptar esa lógica. Segón el relato evangélico, un joven rico atado por sus mucha posesiones no aceptó la inivtación de Jesús a sguirle.Otro potentado cegado por sus riquezas ni siquiera fue capaz de mirar al pobre lázaro junto al que pasaba todos los días.
Vivir con espíritu de pobre. San Mateo escribe para judíos convertidos a la fe cristiana; conocen la revelación bíblica donde se celebra una figura singular: el “anav” o pobre de Yahve; la persona que confía en Dios; que no hace daño a nadie, que a todos ayuda. es como arena suave de la playa para que llegue con su frescor el agua de las olas.Son personas que caminan en la Presencia de amor que es Dios mismo.
Jescristo es la humanidad totalmente abierta y trabnsformada por esa Presencia: “siendo rico se hizo pobre”.Las primeras comunidades celebran a la Virgen María como “la pobre del Señor” y a su esposo José como “el justo”. En el “Magnificat” está la voz y el alma de los pobres o justos qu sembraron d bondad no solo la historia bíblica sino también la hisyoria de la humanidad
En esa perspectiva la pobreza como espresión del amor que inspira la entrega libre y gozosa, puede hacer feliz a la persona: “Dichosos vosotros los pobres porque de ellos el reino de los cielos” ; experimentan y gustan la presencia de Dios amor en condición humana, y se afabnan por construir fraternidad sin discriminaciones; hacen realidad la encarnación continuada.
En conecuencia la primera bienaventuranza se comncreta y explicita en las otras. Los que viven con espíritu de pobres serán auténticos señores de la tierra, encontrarán consuelo en sus momentos oscuros, quedarán saciados en su hambre y sed de justicia. Son los que respiran y practican la misericordia o compasión. Los que actúan con un corazón honrado poniendo en práctica lo que piensan y dicen. Los constructores de paz, dispuestos a sufrir la injusticia en su compromiso y empeños por la llegada del reino de Dios o fraternidad sin discriminaciones .
Vocación para todos. Según San mateo, el programa de las Bienaventuranzas pertenece al Sermón del Monte donde se resume la entraña del Evangelio. Y en el Sermón hay recomendaciones muy saludables pero que apuntan muy alto y parecen idealistas: “al que te abofetee en la mejilla derecha, preséntale también la otra; si alguno quiere quitarte la túnica, dale también el manto; amad a vuestros enemigos” ¿ ¿Es posible cumplir esas recomendaciones?
Hay distintas opiniones sobre el sentido y los destinatarios de estas propuestas en el Sermón donde está el programa de las Bienaventuranzas, que ponen al revés el camino de felicidad.
Unos dicen que el programa es solo para una pequeña élite; un consejo para los más esforzados; pero el resultado de esta opinión ha sido una mayoría de cristianos que se reducen a cumplir los mandamientos para evitar el castigo del infierno.
Otros dicen que el programa debe ser observado como una ley que obligan sin más a todos, Esa visión hace de muchos cristianos personas angustiadas al ver que no pueden responder.
Según otra opinión se trata solo de una mentalidad; Jesús nos está diciendo que no debemos actuar en contra del amor. Algo muy difuso sin normas ni estructuras.
El sermón de la montaña y dentro del mismo el programa de las bienavenuranzas es una propuesta para la realización humana de todos: “Camina en mi presencia y sé perfecto” . Caminar en la Presencia de Dios es entregarse libre y todalmente, ser mermeable y tetigo creíble de esa Presencia. Es la pobreza evangélica
En esa experiencia bíblica el evangelista Mateo quiere manifestar lo nuevo que se ha manifestado en Jesucristo. Las bienaventuranzas no son unas leyes o preceptos porque el mismo Jesús no puso la otra mejilla cuando un criado del Sumo Sacerdote le abofeteó. Sólo se entienden desde la novedad de la encarnación o presencia de Dios amor en la condición humana. Jesús raliza plenamente la vocación de Abrahán. Vive de tal modo en la Presencia del “Abba”, que experimenta su íntima comunión en esa presencia y su alimento- lo que le agrada y sostiene- es hacer la voluntad de Padre. En Jesús aparece lo que ocurre a los humanos cuando se abren a esa Presencia y dejan a Dios ser único señor en ellos. Según Tomás de Aquino esa pobreza brota de la caridad; tiene una motivción teologal.
“Felices los pobres porque ellos son el reino de los cielos”. La primera bienaventuranza se refiere a la persona que acepta con libertad y alegría que Dios, Presencia de amor en que todos y todo habitamos, como enmergía de amor vaya transformando y humanizando su propia existencia. Eso significa ser evangéñicamemte pobre. Vivir y hacer nuestra la conducta de Jesús conlleva experimentar la Presencia de Dios amor que gratutamente se da y que en la entrega por amor a esa Presencia es la propia realización humana: “sed perfectos como vuestro Padre ceesial es perfecto”. Ls existencia humana bien vivida debería ser así. Un horizonte ideal. Caminar en ese horizonte da sentido a la existencia humana inspirada en la Presencia de Dios que es amor y y eb continua salida desde el amor hacia el hermano. Franscisco de Asís fue un singuar ejemplo de esta pobreza.
Una y otra vez he meditado el sermón de maestro Eckart sobre la pobreza interior a la que se aplica esta frase de nuestro Señor: “bienaventurados los pobres de espíritu”. La Verdad eterna es el misterio de Dios, esencialmente bueno, presencia de amor que continuamente se está dando, y Eckart comenta:” si vosotros no os volvéis semejantes a la Verdad de la que vamos hablar aquí, no podéis comprenderme.¿ Qué es la persona originariamente? El árbol donde Dios ha plantado su imagen y semejanza, semilla de natraleza divina”. Por eso en la pobreza evangélica “el hombre vuelve a encontrar al ser eterno que ha sido, que es actualmente y permanecerá eternamente”. En otras palabras, la pobreza evangélica es actitud incondicional de apertura a la Verdad cuya participación nos constituye; desarrollando esa divinina semilla crecemos en humanidad.
Implicaciones de esta vocación
La Iglesia o comunidad cristiana es “en Jesucristo”, signo e instrumento de esa pobreza con la que todavía no se identifica. Por eso los fieles cristianos y las instituciones eclesiales en una sociedad deformada por la codicia insaciable que cada día genera mayor injusticia social y una escandalosa miseria en los más indefensos, debemos actualizar nuestra vocación en el seguimiento de Jesucristo “que siendo rico, por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos” . La pobreza evangélica que nos hace felices brota de la fe o inmersión en esa Presencia de amor en que habitamos.
La pobreza como fruto y manifestación de la fe o mística cristiana implica una práctica o compromiso existencial por construir la fraternidad o reinado de Dios. Para que todos nos sentemos como hermanos en la mesa común de la creación, es necesario incluir a los excluidos y que los potentados arrogantes bajen de su tronos. Lo cual incluye tres pasos que van muy unidos desde la única experiencia o fe cristiana.
Primero, la beneficencia o servicio terapéutico: cuidar a enfermos y ancianos desamparados, alimentar a los hambrientos, dar hospitalidad a los sin techo. Es innegable que Jesús fue un sanador má allá de las curaciones milagrosas que narran los evangelios; al verse las personas incondicionalmente amadas y valorada, recobraban la confianza y se levataban de su postración: “tu fe te ha salvado”. La beneficencia que hacen las instituciones eclesiales parece hoy indispensable; y en este modo de combatir la pobreza los cristianos estamos muy a gusto. Claro que para que sea testimonial siguiendo la conducta de Jesús, no es suficiente dar los alimentos materiales y el cobijo; hay que dar también a los necesitados afecto y confianza en sí mismos como personas amadas de Dios.
Segundo. El análisis social de las causas que producen la pobreza y mantienen la injusticia social, en orden a buscar políticas económicas adecuadas. Nos hemos referido al dominico Lebret como un jemplo. Aquí no todos los cristianos se sienten muy a gusto y, por ignorancia y cerrazón, en seguida llaman comunistas a los que emprenden ese camino.
Tercero. En una globalización de la economía organizada con la ideología y la lógica del mercado –sacar individualistamente el máximo beneficio con el mínimo costo- crecen la injusticia y la pobreza escandalosa. Es necesario el cambio. Si el Evangelio es proclamación de la misericordia de Dios, esa misericordia o compasión pertenece a la entraña de la fe o experiencia cristiana: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Y esa misericordia en situaciones de injusticia, se hace compromiso por la justicia o rectificación de lo torcido. Es una pena que fracasen tantas revoluciones políticas que surgen buscando una solución. Pero el Evangelio de la misericordia es un imperativo de revolución ante las situación de injusticia social que a todos nos destruye. Revolución que como la verdad no se impone más que por la fuerza del testimonio que oenetra suave y fuertemente en las almas.