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EL VERDADERO MESIANISMO

Domingo de Ramos.

El verdadero mesianismo

Evangelio: Mt 21, 1-11

Cuando se acercaban a Jerusalén, y llegaban a Betfagé, junto al monte de los Olivos. Jesús mandó dos discípulos diciéndoles: Id a la aldea de enfrente, encontrareis enseguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo contestadle que el señor los necesita y los devolverá pronto. Esto ocurrió para que sucediera lo que dijo el profeta: “Decid a la hija de Sion: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en su asno, en un pollino, hijo de acémila". Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: Trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ¡Viva el hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Viva el Altísimo!...

(El evangelista San Lucas añade: “Algunos fariseos que estaban entre la gente dijeron a Jesús, Maestro, reprende a tus discípulos… “. Esos fariseos, autoridades religiosas judías en complicidad con los poderes políticos afincados en Jerusalén, esperaban a Jesús para condenarlo. Por eso hoy se lee el relato de la pasión y muerte de Jesús.

Para meditar

En la historia del mundo una y otra vez aparecen mesías prometiendo el oro y el moro. En economía, en política e incluso en el ámbito religioso. Todavía hoy lo estamos viendo en pretensiones imperialistas que, por la fuerza de las armas, prometen traer a nuestro mundo la justicia y la paz. Ya en la revelación bíblica se denuncia esos falsos mesianismos de los grandes imperios que tienen los pies de barro. Ello explica la extraña neutralidad que piden los profetas cuando el pueblo judío se encuentra entre dos imperios que pretenden ser, por la fuerza y la imposición, el mesianismo esperado.

Jesús es el verdadero Mesías liberador, no con la violencia de las armas ni con la fuerza del poder, sino por la conducta de amor y compasión. Su mesianismo se revela siendo totalmente para los demás: curando heridas, defendiendo la dignidad de los excluidos, lamentando la cerrazón de los arrogantes, combatiendo a los dia-bolos o fuerzas del mal que tiran a las personas por los suelos, derribando los muros de separación, entregando en la cruz su propia vida por amor. Un verdadero mesianismo que entendieron los sencillos del pueblo y, a las puertas de Jerusalén, le aclamaron como Mesías.

En la celebración litúrgica del domingo de Ramos, para iniciar la Semana Sana, la Iglesia presenta los dos mesianismos en las dos lecturas: Jesús aclamado como mesías por los sencillos, y condenado a muerte por los soberbios poderosos. En el bautismo hemos elegido practicar el mesianismo de Jesús: en la lógica del amor gratuito que se da librándonos de nuestro egocentrismo. Pero en nuestra conducta existencial muchas veces funcionamos con la lógica del poder, de la soberbia y de la fiebre posesiva, que son expresiones de falsos mesianismos que hoy oscurecen la faz humana de nuestra sociedad, del mundo y hasta de la misma Iglesia.

Jesús Espeja / Grupo DL