Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38.- En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista. Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera. Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, ¿para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.
Para meditar:
En 1995 el literato portugués J. Saramago publicó una breve novela: Ensayo sobre la ceguera. Las personas no tienen lesión orgánica en los ojos, pero su mirada es blanca, se quedan en la superficialidad. No son conscientes de la enajenación que viven obsesionadas por el tener y el poder. Cuando esa obsesión toma cuerpo en la gestión política, lo normal son la injusticia, la violencia y las guerras.
Suele ocurrir que desde esa ceguera blanca y desde esa lógica del poder, el económicamente más fuerte pretenda ser el único que ve y desencadene un conflicto bélico para, con la fuerza bruta, silenciar a quien trata de ser y actuar siendo él mismo” ¿Nos vas a dar lecciones a nosotros?” decían los arrogantes al ciego que recobró la vista.
El evangelio de este domingo recuerda la vocación cristiana: el ciego curado en la piscina reconoce con alegría: “soy yo mismo”. El bautismo significa iluminación para salir de la ceguera blanca y alienación en que nos mantiene una cultura de la superficialidad y una fría lógica del mercado. Según el Evangelio, una persona humana vale más que todos los deslumbrantes artículos de las tiendas, y que todos los misiles destructivos. Que los cristianos despertemos a nuestra vocación bautismal. Que caminemos bajo esa luz que es la fe: somos nosotros mismos en la medida en que somos para los demás sin esperar nada a cambio.
Grupo laical dominico “Diálogos en La Línea” - CaleruegaJesús Espeja
