¿Dónde está Dios?
Evangelio: Jn 14, 8-11.- El discípulo Felipe pregunta: Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús responde: ¿después de tanto tiempo con vosotros, no me conoces? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras”.
Para meditar:
Aunque algunos crean lo contrario, los seres humanos podemos vivir y progresar sin contar con Dios. Pero, los humanos, cuando no encontramos solución a nuestros problemas, espontáneamente acudimos a las puertas de los dioses, es decir, buscamos a aquello que percibimos como trascendente dentro de nosotros y que consideramos con poder para ayudarnos. En nombre de Dios se han justificado matanzas, y también en nombre Dios, no faltan personas que gastan su vida por ayudar a los demás. Ese misterio que llamamos Dios es como una pesadilla ineludible a nuestra limitación humana: Si la sacamos por la puerta, entra de nuevo por la ventana… Igual deberíamos parar y tratar de escudriñar sonde está…
A Dios nadie le ha visto. Ni siquiera los que nos confesamos religiosos. Siempre mayor, ese misterio desborda todos nuestros conceptos e imaginaciones. Mientras vamos de camino, andamos a vueltas con el misterio, y la tentación más frecuente es fabricarnos una divinidad falsa a nuestra medida. Una de esas fabricaciones falsas es la del teísmo: creencia en un Absoluto que está en los cielos, alejado de la humanidad pecadora, e interviniendo arbitrariamente desde arriba de cuando en cuando para imponer su voluntad en el mundo, ayudando o castigando a quién se lo merece. Ese invento, tan calado entre los llamados cristianos, es un engaño.
El evangelio que hoy leemos nos recuerda la novedad de la fe o experiencia cristiana: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?... El Padre, que permanece en mí, hace las obras que hago; creed en estas obras”... Es decir, que a Dios debemos buscarlo en Jesús... en su testimonio.
Jesucristo pasó por el mundo haciendo el bien, curando heridas, combatiendo las fuerzas del mal y derribando los muros de separación. No con armas que coaccionan y matan, sino desde el amor que convence y da vida. Y en esa conducta estaba presente y activo el “Abba”: una Presencia de amor... “Alguien” en quien siempre podemos confiar... Realidad inabarcable que nos habita y en la que habitamos... Y a la solamente podemos acercarnos a través del seguimiento de la conducta Jesús.
Jesús Espeja con el Grupo DL

