Domingo 29º
Gestión política y cristianismo
Evangelio: Mt 22, 15-21. En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no? Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: Hipócritas ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. Le presentaron un denario. Él les preguntó: ¿De quién son esta cara y esta inscripción? Le respondieron: Del César. Entonces les replicó: Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Para meditar:
Hay un poder político representado en el César y hay una religión cuyo único absoluto es Dios. El ejercicio del poder político tiene su racionalidad en orden al bien común, y los creyentes religiosos deben respetarlo: “dad al César lo que es del César”; cumplid lo acordado. Pero el poder político puede endiosar a los encargados de ejercerlo: se creen absolutos y en vez de buscar el bien común, solo buscan el bien para ellos y su grupo a costa de los demás. Y aquí lo creyentes religiosos deben reaccionar.
En la sociedad española por mucho tiempo hubo un lamentable consorcio entre el poder político y la Iglesia Católica. Por fin ese consorcio terminó en buena parte gracias a la orientación del Vaticano II. Por los años 70 del siglo pasado tuvimos la suerte de una Conferencia Episcopal que supo discernir la situación, leer los signos del Espíritu y apostar por una nueva presencia pública de la Iglesia: “Mutua independencia entre la Iglesia y el poder político y sana colaboración en el común servicio a los pobres". Pero el Cardenal Tarancón, presidente de esa Conferencia, añadió que la independencia no significaba que la Iglesia se mantendría indiferente o pasiva respecto a lo que suceda en esta sociedad.
En 1978 la sociedad española venía arrastrando el enfrentamiento entre dos ideologías y tendencias enfrentadas en la triste guerra civil. Mentores de ambas ideologías fueron capaces, sin perder la memoria de las víctimas, destacar el perdón para redactar una Constitución moderna buscando la democracia. Pasadas varias décadas, estamos viendo como unos y otros hacen de la memoria un arma arrojadiza, olvidando que la necesaria justicia a las víctimas exige respeto al otro y perdón. Como ciudadano y creyente cristiano no puedo ser insensible y me preocupa viendo que otra vez en esta sociedad se fomenta la división y el enfrentamiento.
Jesús Espeja
